Bajo mis pies y paseando o corriendo por los parques de mi ciudad, escuchaba el crujir de las hojas secas caidas de los árboles. Esos otoños en los que niños jugábamos, paseábamos y de paso esa merienda que nuestras madres y padres nos acercaban al salir de la jornada escolar. Añoranzas de esos hermosos momentos en el que parecía que el mundo se paraba y la brisa otoñal acariciaba árboles y matorrales para decirnos al oído que pronto llegará el invierno y con él la Navidad. Recuerdos agradecidos que siempre en mi alma perdurarán
hasta el fin de la eternidad.

